domingo, 26 de agosto de 2018

El verano no se acaba, solo cambia de lugar...


Agosto ya cuenta sus horas para dejar llegar a septiembre con su calma, sus atardeceres y su despedida de los días mas largos del año...

En el verano de los 35...

Aun no he ido a la playa.

Han llegado personas para quedarse, para apoyarme, para estar... otras se fueron (o quizá nunca estuvieron)

He subido montañas, he visto atardeceres, algún amanecer... He soportado las tormentas, he descubierto que, a veces, ver llover, no es tan triste...

He aprendido a montar a caballo, a saber lo que es el respeto, el amor y la confianza en un animal tan bonito (GRACIAS en mayúsculas)

He visto por primera vez a Rodrigo... Llegó el 1 de agosto para que le queramos con locura (Nuri, eres una súper mami)

He vuelto a ponerme las zapatillas de correr (Rubén, que suerte!)

He frenado, he respirado hondo y he seguido gracias a quienes estáis ahí siempre

Nació Inés a la que conoceré pronto y que ya es una personita especial.

He compartido 6 días con Eri, Koji, Rei y Momo... Días que han hecho que más de 10000 kilómetros de distancia entre España y Japón a partir de ahora sean muchos menos (Iré para ver como las flores de los cerezos cubren el agua de los ríos...) Días de aprender, de descubrir, de recordar aquel 2011 cuando Eri vino a aprender castellano y cumplió su promesa de volver...

He descubierto que no solo tengo el cuello largo y la nariz grande como Quico, sino también ese moreno de brazos curtido...

He llorado porque no hay golpe que duela más que el que te da quien menos esperas.

He comprendido que las personas podrán olvidar lo que dijiste, podrán olvidar lo que hiciste pero nunca olvidaran lo que les hiciste sentir.

"Estos días azules y este sol de la infancia serán días y azules mientras la infancia dure.
Si tu adulto te enferma, que tu niño lo cure.
Saber vivir con poco es la suma elegancia" (Carlos Marzal)



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